"Dar razón de la esperanza" (1 Pe 3,15)
de modo claro y profundo, con lenguaje actual y significativo, en clima orante y sapiencial
domingo, 25 de enero de 2015
Y un día la Palabra habló
martes, 24 de diciembre de 2013
Ejercicio navideño
domingo, 31 de marzo de 2013
Pascua 2013
Dios nuestro,
que hoy has abierto para nosotros las puertas de la eternidad
por la victoria de tu Hijo unigénito sobre la muerte,
te pedimos que quienes celebramos la Resurrección del Señor,
por la acción renovadora de tu Espíritu,
alcancemos la luz de la vida eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
martes, 25 de diciembre de 2012
Sol invictus
![]() |
| M. Chagall |
miércoles, 13 de junio de 2012
La oración, intérprete de la esperanza
Petitio est spei interpretativa (ST II-II, 17,2)
viernes, 8 de junio de 2012
Crónica de unos días intensos
4-6 de junio de 2012
sábado, 7 de abril de 2012
Vigilia pascual 2012 (Mc 16,1-8)
Esa contemplación explica lo que siguió. El amor es inquieto, es indomable. Siempre busca y encuentra la forma de seguir manifestando cariño. Ellas se mueven y compran los perfumes (algo no precisamente barato). Quieren ungir a Jesús. La unción es sinónimo de delicadeza y reverencia. Ellas no se siguen una lógica de conveniencia sino que dan rienda a las mociones del corazón.
Después de los preparativos se ponen en marcha. Salen bien temprano; el texto dice “muy de madrugada”.[1] Según los cómputos de la época, antes de la seis de la mañana.[2] Sin embargo, el texto dice también que “había salido el sol”. No se trata de una contradicción sino de un contraste. Marcos nos ofrece dos planos y nosotros sabemos que no miente. Las mujeres andan a oscuras porque creen que Cristo está muerto. Lo que no saben es que el sol, que es Cristo resucitado, ya brilla en lo alto. Todo el pasaje consiste en esa transición: en poder pasar de las sombras a la luz y de los ritos fúnebres a la celebración de la vida.
Llegan al sepulcro y reciben el anuncio. A Jesús no lo ven, sólo un anuncio. “Ha resucitado”. Tienen que confiar en la palabra de otro testigo… como nosotros. La resurrección no se prueba, se cree.
Ahora entramos en el corazón de la pascua. La resurrección pone en marcha el universo, enciende el motor de la historia. Porque con la muerte de Jesús no había muerto sólo un hombre sino todos los hombres y todas las cosas. En la muerte de Cristo todo se detuvo y todo parecía perder sentido.[3] Pero ahora que Él está vivo todo reverdece. Los nacimientos y las muertes, las alegrías y las angustias, los trabajos y las liturgias… todo se abre a nuevos horizontes y sabemos que la esperanza no defrauda.
Por el bautismo, cuya hora privilegiada es la de esta noche santa, somos sumergidos en este misterio de muerte y resurrección. Celebramos como nuestra la victoria de Jesús porque su resurrección es inclusiva –como todo lo suyo. Qué bien lo dice el salmo: “la trampa se rompió y escapamos” (Sal 124,7). Esa trampa evoca tanto la mentira de una doble vida como el engaño fantasioso del maligno. La trampa se rompió, se hizo pedazos. Nosotros escapamos con Cristo y conocimos la libertad.

La imagen de la trampa nos devuelve al relato de Marcos y a la clausura del sepulcro. Se trataba de una piedra “muy grande”.[4] Por eso, mientras iban de camino, las mujeres se preguntaban quién las ayudaría a correrla. Preocupaciones humanas que consumen mucho de nuestro tiempo y de nuestras energías. Nos angustiamos para nada, “inútilmente nos fatigamos” (Is 45,4). ¡Cuántos esfuerzos estériles, cuántas discusiones de más! Cristo se anticipa y lo hace fácil. “Vieron que la piedra había sido corrida”. Hay que despertar a la lógica de Dios que es providente.[5] El cristiano sabe contar con la variable de la sorpresa, de lo insospechado, del milagro.
La piedra removida y el sepulcro abierto dan lugar a una imagen poderosa: la de una inmensa boca abierta. En un sentido, son las fauces de la bestia que no pudo aprisionar la Vida. En otro, es la boca del cristiano. La que antes callaba amordazada por el fracaso y el dolor, ahora se ve liberada. Ya no hay impedimentos. Está despejada para cantar y reír y gritar a los cuatro vientos que Él está vivo.
La consigna del Maestro es ir a Galilea. Allí se dejará ver. ¿Por qué Galilea? Porque en Galilea comenzó todo. Se trata de releer la historia a la luz de Cristo resucitado. Él es la llave que abre los cerrojos, la clave que desentraña los enigmas, la pieza faltante que encaja en el rompecabezas.
Sin embargo, el pasaje nos depara otra sorpresa. Un final enigmático que desconcierta y sirve como advertencia. Las mujeres huyeron espantadas, corrieron “temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo”. Hasta en esto último podemos sentirnos identificados. Cuántas veces callamos el evangelio siendo que Jesús nos ha elegido para darlo a conocer. Quiera el Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que por la acción del Espíritu Santo, lleguemos a ser testigos convincentes de Jesús resucitado.
______________________
[1] …lían prõï
[2] La última vigilia nocturna iba de 3 a 6 de la mañana.
[3] “¿Habéis pensado que si Dios muriese todas las cosas moriríamos con Él? ¿Puede acaso morir un Dios? Tengo miedo, algo está crujiendo en mis entrañas, algo como en el día primero en el que Dios, soplando, me arrojó al mundo (…) Si Él muriese, ¿para qué serviría vivir?”; J. L. Martín Descalzo, “Las cosas tuvieron miedo” en Id, Siempre es viernes santo, Madrid, Planeta Agostini, 1995, 110.
Dejen que los niños
Dejen que lo presente. Agustín no llega a los tres años y concurre a la parroquia desde que estaba en el vientre de su madre. Desde entonces no ha faltado ningún domingo. Forma parte de la tropa de feligreses más perseverantes. Es evidente que no lo entiende todo, pero sí capta lo esencial: que esa casa es de Dios, que el sacerdote está haciendo algo importante, que es bueno guardar silencio y no molestar, que dentro de esas cuatro paredes no hay nada que temer. Resumiendo: Agustín en miembro activo de la comunidad. Participa a su modo; corretea durante la misa, se hace sentir, pero nunca gritando ni abusando de su libertad. Incluso, cuando termina la misa, tiene la delicadeza de acompañar al sacerdote en su procesión de salida al atrio; y lo lleva de la mano, no sea cosa que se olvide el camino.

Ocurrió durante el via crucis. Los jóvenes lucían sus disfraces y los mayores avanzaban compungidos. En el medio estaba Cristo: espigado, sangrante y con la cruz a cuestas. Los soldados romanos le hacían sentir su autoridad. Ellos lo golpeaban una y otra vez mientras María y las otras mujeres observaban con impotencia. Los chicos del barrio abrían los ojos y registraban cada detalle. Las antorchas por encima de sus cabezas completaban la escena. Entre las meditaciones y los cantos llegaban los ecos de una blasfemia, de un quejido o de un sollozo. Entonces ya no aguantó más. No se pudo contener. Agustín tuvo que enseñarnos que eso estaba mal. En el colmo de la sensatez grito: “No le peguen más”. Su débil voz apenas llegó a los oídos de su padre, pero la pureza de su corazón rasgó la noche y atravesó las nubes. Qué bien lo oyó el Padre del cielo. Cuánto le agradó esa piedad inocente y cristalina, certera y profética.
“Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Yo les aseguro: el que no recibe el Reino de Dios como niño no entrará en él” (Mc 10,14-15).
Mandamos a los niños a la escuela, dice Dios.
Creo que para olvidar lo poco que saben.
Mejor haríamos en mandar a la escuela a los padres.
Ellos sí que lo necesitan.
Pero, naturalmente, haría falta una escuela mía.
Y no una escuela de hombres.
Creemos que los niños no saben nada.
Y que los padres y los adultos saben algo.
Pero Yo os digo que es al contrario.
(Siempre es lo contrario)
Son los padres, los adultos, los que no saben nada.
Y los niños los que lo saben.
Todo.
Pues saben la inocencia primera.
Que lo es todo.
Ch. Péguy, El misterio de los santos inocentes
miércoles, 4 de abril de 2012
Miércoles Santo 2012
sábado, 25 de diciembre de 2010
25 de diciembre de 2010
anti-climax navideño. Lo digo de mi familia y lo digo de mí mismo. ¡Cuántas traiciones hacia Aquel que viene en Nombre del Señor! Todo parecía empañar la Navidad. Pero ¿era realmente así? De pronto entendí que, aunque ese razonamiento tenía su cuota de verdad, no era del todo cierto. Toda la mugre, toda la lacra del hombre no empañaba el misterio de la Navidad sino todo lo contrario... lo resaltaba. La Navidad no es del hombre sino de Dios. En medio de la noche y de la vergüenza de una humanidad que no logra escapar al lodazal, brilla con más fuerza el amor de Dios que se empeña en visitarnos. Qué desmesura. Qué locura la de Dios. En un mundo desquiciado donde la supervivencia nos lanza a la evasión -que las hay más y menos refinadas-, Jesús no toma distancia sino que visita. Se adentra. Arraiga. Nace.La visita de Dios no es un mero gesto de buena voluntad. No es la simpática compañía del que simplemente está. Jesús viene para transformarnos y tiene con qué hacerlo. "A los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de ser hijos de Dios".
En la nochebuena solemos regalarnos cosas. Es una práctica que, hay que reconocerlo, tiene mucho de comercial. Sin embargo, en lo esencial expresa algo muy profundo. En cada regalo uno "se" regala. Y eso es la Navidad. Dios que se regala, que se brinda, que viene... en persona. Dios que no simplemente dice palabras sino que "se" dice, de modo definitivo, en Jesús. Así como nosotros intercambios paquetes, también en la Navidad se da un "admirable intercambio". El Hijo se hace hombre, para que los hombres seamos hijos. Dios desciende para que el hombre ascienda. Él comparte nuestra humanidad para que nosotros participemos de su divinidad. "El que tenga oídos para oir que oiga".
***
Hoy quiero tomarme en serio ese intercambio y pedir para todos una gracia especial. La pido para el mundo y los grandes líderes, la pido particularmente para la Argentina, pero también para los míos y para mi propia vida. Necesitamos recuperar la Palabra. Necesitamos volver a hablar ya que es lo más propio del hombre y aquello que nos asemeja a Dios. Estamos saturados de piquetes y mentiras, de tanta confusión premeditada y de los violentos estallidos, de las descalificaciones y las riñas decadentes. ¡Jesús enseñanos a hablar! Instaurá el sentido en nuestras relaciones. No una lógica fría y desencarnada, sino tu sentido cordial de Verbo del Padre que respira Amor. ¡Feliz Navidad!
viernes, 11 de junio de 2010
11 de junio de 2010
los ministros de la comunión adoramos a Jesús eucaristía
en el marco del año sacerdotal que concluye hoy
El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean.
Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: "No le quebrarán ninguno de sus huesos". Y otro pasaje de la Escritura, dice: "Verán al que ellos mismos traspasaron" (Jn 19, 33-37).
“El golpe de lanza, aparentemente rutinario, en el costado de Cristo ya muerto, se convierte en el símbolo real del acontecimiento insondablemente misterioso: lo aparentemente cerrado de quien asumió en sí y sobre sí lo nuestro, se abre y se hace asequible a los redimidos para ser, precisamente, su más recóndita morada: «Dentro de tus llagas escóndeme». Tomás, quien puso las manos en las llagas, es el primero en buscar esta morada; debería querer hacerlo con la sola fe, no con la mirada y la experiencia” (Balthasar).
Mirar a Jesús. Querer entrar. Esconderse. Morar. Mirar su costado abierto.
Manando. Brota profusamente. Sangre y agua… el misterio de la Vida.
Corazón es intimidad. Fuego. Acercarse al calor del misterio.
¿Cómo estoy rezando? Aprender a callar. Escuchar. Dejarme envolver.
Ser otro Cristo. De corazón a corazón.
La sangre del costado abierto es la eucaristía: vida que se derrama para la salvación, aceite de consuelo para los enfermos, palabra de aliento para los deprimidos. El corazón traspasado de Jesús nos habla de un amor que se abre. Esa apertura es acogida fraterna y búsqueda generosa... también abajarse y lavar los pies. La lanza que punza y desgarra pero que trae la gracia. La pascua es un tajo. Sólo el grano de trigo que muere se hace espiga, sólo la hostia partida en el altar llega a los comulgantes.
Estar en Su presencia. Adorar. Valorar a Quién sirvo.
Ministro significa servidor.
Pensar en los sufrientes que me encomendó Jesús a través de la Iglesia.
Eucaristía es comunión. Comunión es tender puentes.
c. Año Sacerdotal: 2009 - Sagrado Corazón - 2010
El sacerdocio nace con la eucaristía. El jueves santo Jesús nos deja esos regalos.
El sacerdocio nace para la eucaristía. Para santificar la existencia y elevar una permanente “acción de gracias”, que eso significa eucaristía.
EL sacerdote es Cristo. Los demás son sus ministros. Cristo bautiza, Cristo absuelve, Cristo consagra.
No acostumbrarse al misterio.
Ayudar a Jesús en el cura de mi barrio.
Tener mirada de fe. No idealizar. No desengañarse.
Memoria agradecida. Perdón mutuo.
Súplica por la fidelidad y el aumento de las vocaciones.





