La drástica caída de la natalidad en Argentina es un hecho. En la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, de 2014 a 2024, los nacimientos cayeron un 53%. Eso no sólo implica un desafío a la economía, sino sobre todo a la dinámica social. En simultáneo, en las últimas décadas se ha dado un notable aumento de mascotas. Como dijo recientemente Clara Muzzio, vicejefa de Gobierno de C.A.B.A.: "Si van por la calle y ven una pareja joven, miren si lleva un bebé o si lleva un perro. Estadísticamente es mucho más probable que lleve un perro".

Esta situación revela que, como Iglesia, no hemos sabido transmitir de manera eficaz el mandato del Creador: "Sean fecundos y multiplíquense" (Gn 1,22). Creo que resulta evidente que necesitamos prestar más atención a esta dimensión de la fe cristiana, la cual, no por nada se encuentra al comienzo de la Sagrada Escritura. Y está claro, además, que no se trata de un mero dato demográfico sino de una cuestión antropológica y teológica. ¿Qué dice de sí misma uno sociedad que no engendra? "El que tenga oídos, que oiga" (Mt 13,9).